Así tal cual me lo preguntan. Y me extraña. Yo respondería de la siguiente manera:
Hablo español porque el idioma es lindo, lógico y, en muchos aspectos, superior al inglés. Es un universo paralelo ("si el Norte fuera Sur") del cual yo poseo la clave. Los lenguajes no son solo formas de comunicar transacciones, sino que están profundamente entrelezados en el funcionamiento del cerebro, hasta moldeando su estructura física. A este nivel, me pregunto: ¿cómo es posible convivir en un continente en el cual uno solo puede comprender a un tercio de los habitantes?
Curiosamente, el español también es como una clave para entender mejor el inglés. Aunque poquitas palabras en inglés tienen su origen en el español (canyon, cargo, alligator, vigilante), conocer y explorar el español explica muchas raíces del inglés. Por ejemplo, un día caminando por la mañana me di cuenta de que las palabras “peak, beak, pick y peck” son variaciones de la misma palabra en español: “pico" (y su verbo "picar”). Entonces, al saber español, uno no solo comprende las diferencias entre culturas, sino también nuestras herencias en común.
Hablo español porque un día decidí que ya no me conformaba ser monolingüe. Así que, en el 2007, entré al otro universo.
No soy el único en sentir que me puedo expresar mejor y sentirme más congruente en un idioma ajeno (sea cierto o no). Tengo un conocido nicaragűense —no recuerdo su nombre en este momento, solo su mal apodo: "Feto"—. En su lengua natal habla con un tartamudeo profundo, mientras que en inglés habla perfectamente fluido (con acento, obvio).
He notado que muchos hispanohablantes son celosos con su idioma. Se sienten incómodos al compartirlo. Entonces, en muchas ocasiones, guardo silencio y finjo ser monolingüe. Con otros, respeto su esfuerzo por haber aprendido inglés y permito que practiquen y disfruten. O, en el caso más probable de que me sienta obstinado y odioso, sigo contestando en español mientras ellos me siguen contestando en inglés.
Otra respuesta, más concisa, sería que viví muchos años en Nicaragua. Y lo extraño.